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En la vida hay muchas situaciones en las que debemos elegir, y cada vez que lo hacemos hay algo que nos impulsa a tomar una u otra opción.

Puede ser un lugar para comer o tomar un café, un trabajo u otro, o un destino de vacaciones, pero el factor común es uno solo. ¿Qué es lo que tiene más valor para ti?

A eso es a lo que se reduce nuestra elección, no por nada nos referimos a “valorar opciones”, siempre se trata del valor.

Y lo mismo pasa con el dinero y el tiempo.

Fue en un viaje en tren, que entendí cómo esto también se conecta con el Tarot.

Volvía a mi casa como tantas otras veces y, de repente, en medio de la nada, el tren se paró, porque la gran lluvia que había ocurrido unas horas antes inundó las vías por completo.

Dentro del tren íbamos varias personas, entre ellos unos jóvenes que comenzaron a quejarse y exigir que les devolvieran el dinero porque eso era un desastre, en cambio yo sentía que mi sensación iba por otro lado, no quería el dinero, quería que me devolvieran el tiempo que estaba perdiendo allí, porque era consciente de que es algo limitado que nunca se recupera.

Ellos, como jóvenes que eran, sentían que el tiempo les sobraba, pues a esa edad la consciencia de la finitud de la vida aún no se hace presente.

Cuando eres joven, el dinero tiene la importancia que le da el anhelo de lo material, pues aún hay mucha vida por delante y queremos alcanzar metas que tienen que ver con el “tener”, y para ello es necesario contar con dinero que lo haga posible. De ahí que -de jóvenes-  nos sumergimos en una carrera interminable por formarnos profesionalmente, conseguir el mejor trabajo, ahorrar, conseguir préstamos, trabajar para pagarlos… todo por tener.

La noción de tiempo cambia con la edad, y lo que te hace sentir rico es diferente cuando eres joven que cuando eres mayor.

Vas pasando etapas, madurando, empiezas a ver la vida con otros ojos y tus prioridades cambian, porque te das cuenta que lo que ahora no tienes y te falta, es tiempo. Esa interminable  carrera por obtener dinero, o el hecho de vivir con el foco puesto en cuestiones materiales, consumió todo el que tenías sin que lo notaras… un día tienes 20 y al siguiente 40. Por eso, en esos momentos donde vives una situación que no eliges, donde un instante de espera se eterniza, sientes la prisa del tiempo que “te quitan”.

Me di cuenta que me estaba haciendo mayor, pues mis prioridades habían cambiado… este instante en el tren me volvió consciente de ello, y tuve una reveladora conexión con los arcanos de El Loco y El Ermitaño.

El Loco es desapegado porque no ha construido nada aún, es libre, inconformista y aventurero. Vive la vida de manera frugal, pues va con lo puesto, no acumula nada.

Esos jóvenes eran El Loco.

En cambio El Ermitaño está de vuelta de todo. Es frugal pero en otro sentido, porque es desapegado y aprecia lo sencillo, a la vez que es sobrio y prudente. Es alguien maduro como me sentí yo en ese tren.

Y no es cuestión de ser “mejor” o “peor”, por sentir que eres mayor o joven. Se trata de las fases de la vida y del enfoque que le damos a todo lo que nos acontece, según el instante en el que estamos. Tiene que ver con manifestarnos en el mundo desde donde cada uno está, y respetarse con los valores que uno tiene en cada momento de su vida. Porque, irremediablemente El Loco madurará, entonces comprenderá y compartirá los valores de El Ermitaño.

¿Qué piensas tú, te identificas con El Loco o El Ermitaño?

 

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